El Parque Natural Regional de los Montes de Ardèche, ubicado en el límite oriental del Macizo central, se extiende por una superficie de más de 180 000 hectáreas. Abarca seis zonas paisajísticas: que son Les Boutières, la meseta de Vernoux, la región de Les Sucs, las Altas Cevenas, el Piamonte de Cevenas y las Cevenas meridionales. Castañares centenarios, terrazas de piedras secas, antiguos volcanes, bosques y pastos, gargantas y valles verdes, landas y garrigas forman la diversidad de paisajes que caracteriza este vasto conjunto protegido.
Al oeste del Parque se extiende la montaña de Ardèche, donde destaca el macizo de Tanargue. En verano, esta zona de media montaña es ideal para las actividades al aire libre, como el senderismo y la bicicleta de montaña, la equitación y la pesca. En invierno, se puede practicar el esquí alpino, el esquí de fondo y la travesía en raquetas en la estación de la Croix de Bauzon.
Parajes volcánicos conocidos, como el monte Mézenc – punto culminante de Ardèche (1753 metros de altitud)-, la cascada de Ray-Pic, las coladas basálticas de Jaujac y el monte Gerbier de Jonc, al pie del cual se hallan las fuentes del Loira, hacen las delicias de los amantes de la naturaleza.
El Parque Natural de los Montes de Ardèche no solo encantan a los fanáticos del deporte, sino también a los aficionados a la relajación, ya que cuenta con tres estaciones termales: Neyrac-les-Bains, Saint-Laurent-les-Bains y Vals-les-Bains. Además de los tratamientos medicalizados, sus establecimientos termales ofrecen paquetes de bienestar, belleza y puesta en forma como los de las Termas de Neyrac-les-Bains, donde se ofrecen tratamientos corporales inspirados en Asia y Oriente. Una estancia en los Montes de Ardèche también permite descansar en la playa del lago de Saint-Martial, donde el baño está vigilado en julio y agosto, o practicar el descenso en piragua del Eyrieux o del Chassezac.
Este territorio salvaje y preservado también posee un rico patrimonio construido en el que predomina la piedra: iglesias románicas; castillos medievales; el pintoresco pueblo de Chalencon, con sus casas de granito; el pueblo colgado de Antraigues-sur-Volane, con su plaza de la Resistencia, con terrazas sombrías, y sus callejuelas con paredes adornadas con esculturas; vestigios de la cartuja de Bonnefoy (siglo XVIII); el pueblo con carácter de Jaujac, con sus coladas basálticas; y el castillo de Rochemure, en donde está instalada actualmente la Casa del Parque.
La visita a esta zona de Ardèche también supone un encuentro con su historia, sus tradiciones y sus técnicas a través de diferentes museos como la casa del Castaño en Saint-Pierreville, la granja de Bourlatier en Saint-Andéol-de-Fourchades, el museo del Vivarais protestante de Pranles, el ecomuseo de las Terrazas de Saint-Michel-de-Chabrillanoux, o el museo del Castañar de Joyeuse.
En otoño, diversas localidades celebran las Castagnades, fiestas tradicionales de la castaña en las que la famosa fruta de Ardèche es la protagonista.